Mis aventuras motorizadas (2ª parte)
Antecedentes: Viaje Madrid- Almuñecar 21:00 de la noche.Salimos toda la familia para Granada. Mi padre en su coche con mi hermana y yo en el mío con mi madre. 30º grados de calor y a saber cuanta humedad relativa (es decir, depende de quien lo diga hace humedad o no) cuando salí. No había nubes, lo juro.
Era mi segundo viaje largo. Pero esta vez con mi madre al lado, o lo que es lo mismo el deseo de tener un mono con una ballesta apuntándote en vez de ella. Supongo que es lo normal. Si conduce tu hijo y tu eres la madre lo normal es que le grites ¡cuidado! cada dos por tres porque todos los coches se han convertido en cazas imperiales que quiere atacarte, amén de los autobuses que quieren jugar a ser apisonadoras y a ti te toca el papel de gravilla.
No sabéis lo molesto que es que mi madre baje su visera con espejo (si tiene nombre ni puta idea. Creo que he dejado claro que no sé de coches) para ver los coches que vienen por detrás y tú conduciendo en situación de estrés ¿No podía pintarse los ojos como cualquier mujer? Sigo pensando en que el mono con ballesta tendría más consideración.
Pues bien, justo en el instante en que me meto en la Carretera de Andalucía (decir N-4 es como decir que esa carretera está indefinida o que tiende al infinito) comenzó a soplar un viento fortísimo que hacia que mi coche ladeara. No pasa nada todo está controlado, pensé... ¡qué iluso!
Y de repente... comenzó a llover. Al principio pensé que era un BMW echando agua para limpiar el parabrisas, pero se ve que no que era lluvia. Mi hermana dice que siempre voy con una nube negra en la cabeza. Habrá sido esa... que cabrona!
Y os preguntareis, ¿qué pasa que la lluvia es un problema? No y sí. No es problema como tal, pero sí se convierte en un problema cuando ves que tu limpiaparabrisas se acaba de joder en el primer movimiento y que te está rayando el cristal; además de echarte el agua del copiloto, con lo que la visibilidad era nula. ¡¡Menos mal que estaba mi madre!!
Gracias a ella sabía cuando estaba cerca de un muro o de un coche. Era una especia de "no me chilles que no te veo". "¡Cuidado el muro!": no me diréis que el mensaje no es claro, conciso y breve.
Con el viento, la lluvia, el limpia roto, el cristal rayado, mi madre chillando creo que se puede considerar como un buen bagaje para empezar un viaje. Buen bagaje sino fuera porque vi el piloto de la gasolina indicándome que estaba en reserva. Bueno eso le pasa a todos no? humm Si y no.
Llamé a mi padre que iba por detrás para decirle que iba en reserva. Mi padre me dijo que aguantaba 150 Km. más que no me preocupara. Al menos eso entendí (esto da pie para la siguiente historia que ya os contaré). Pero desconfiado de mi 150 Km. me parecía demasiado y después de una hora de ir en reserva creo que era el momento de echar gasolina antes de quedarnos definitivamente parados. En ese momento tomé la decisión.
Veamos la situación: autovia, sin gasolina, a 120 Km./h, con viento, lluvia, cristal rayado y mi madre dejándose las uñas en el brazo de la puerta. Vi el cartel de gasolinera y allá que fui. Cuando llegué pensé que había ocurrido lo peor.
La gasolinera había desaparecido. Solo estaba situada la caseta y donde se suponía que iban ponerse los surtidores. Menos mal que no estaba construida. Por un momento pensé que había entrado en otra dimensión y que todo atisbo de vida había desaparecido.
Al final salimos de allí y encontramos otra gasolinera. Aún me pregunto como llegué. Creo que fue la última vez que llegué en reserva a un sitio (ya sabréis más adelante el porqué).
Afortunadamente encontré descanso en la otra gasolinera con mi depósito lleno, mi bocata de lomo y en medio de hordas de moros tirando basura y pitándose los unos a los otros.
¡puto coche!

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


<< Home